No encontraba compañero.No encontraba curro.
No encontraba mi calma.
No encontraba calzoncillos limpios.
Y encima unas insistentes palabras rebotaban en mi cabeza cual pelotas de pin-pon: "hay que hablar con el casero, hay que hablar con el casero".
El nivel de agua a duras penas había sobrepasado la mitad de la garrafa de ocho litros. Un último interesado vino a ver el piso. Este por lo menos mandó un sms diciéndonos que había preferido cogerse un pisito en Socuéllamos con tres ex-convictos (un narco, un asesino y un contable), antes que quedarse en el nuestro. Finalmente, un día,
La chica que va de acá para allá dijo:
La chica que va de acá para allá: -Mis amigos buscan un compañero de piso. Deberías pensártelo.Yo: -¡Si, mujer! No encuentro compañero para mi; encima voy a ponerme a buscarles uno a ellos. ¡Y UNA MIERDA!La chica que va de acá para allá: -A la universidad entraste en un programa de igualdad de oportunidades ¿verdad?Mientras meditaba lo que me había dicho
La chica que va de acá para allá me pasaba los días en su casa. Me ganaba a sus amigas contando anécdotas de cuando era pequeño:
Yo: -Y una vez Mirmana me dislocó la clavícula. Y otro día mi tío me soltó una leche por no querer comer. Y cuando tenía siete años casi me ahogo en mi primera clase de natación.La zurda que no sabía usar unas tijeras: -Animálico...La manchega que parecía mexicana y quería un argentino: -A la universidad entraste en un programa de igualdad de oportunidades ¿verdad?Finalmente me armé de valor. Hablé con
El compañero que se quedó y llámamos al
Caesar Casero para decirle que no encontrabamos compañero. Que no podíamos asumir el coste de tres entre dos y que si, como era natural, nos subía el alquiler deberíamos tomar las de Villadiego*.
El casero nos dijo que nos aguantaba un mes con el mismo precio y luego ya veríamos. Yo dije que no podía esperar a meterme en Noviembre y Diciembre y encontrarme entonces sin compañero, sin dinero para tal alquiler y sin piso más barato al que huir. El pareció no entenderlo. Pues tuve que repetírselo como unas cincuenta veces. Al final la cosa fue así:
Caesar Casero: -¿Pero como? ¿Os vais?Yo: -Si ya le dije (unas cincuenta veces) que no podíamos asumir este alquiler nosotros dos solos. Y que no puedo esperar a Noviembre o Diciembre y verme en la calle.Caesar Casero: -Que fuerte. Con lo que yo he hecho por vosotros...¡Os puse un sofá nuevo!Yo: -Lo llevó a coser al taller de su prima. A los dos meses ya estaba roto.Caesar Casero: -¡Os compré una lavadora nueva!El compañero que se quedó: -Por que la otra parecía un módulo de la MIR cada vez que empezaba con el centrifugado.Caesar Casero: -Bueno...pero de la fianza no hablamos ¿no?Cabrón...EPÍLOGO.
Al final, después de 3 años, he dejado un piso por el que han pasado muchos compañeros muchas historias y un tablero de RISK. Y que pese a todo el estrés de los últimos dos meses me da algo de pena. Ahora, eso si, vivo en un piso en el que los compañeroS están presentes. Enviaré noticias desde este nuevo piso franco y del de La chica que va de acá para allá y las compañerísimas -que me amenazan con prohibirme la entrada si no les dedico un post en este blog-.
(*) Diego era un amigo mío que se fue de Beca Erasmus a Alemania.